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Vivo al límite...

Un esquizofrénico en el café

1 Mayo 2017

Se fue a tomar café y aún no se sabe nada de él. Nadie lo echaba en falta, nadie se preocupaba por su paradero, hasta que a los tres días de su fuga llamó por teléfono a su hermana desde un lugar indeterminado para pedirle un poco de dinero. Es esquizofrénico y, hasta el domingo 17 de marzo, estaba internado por orden de la Policía en el hospital Gregorio Marañón. 

Conrado Bonavilla, de 46 años, se sentía solo, encerrado, y decidió pedirle a su médico, el doctor Chaves, un permiso para salir a tomar café. «Y se lo dio. Le dio un pase de tres horas para que se tomara algo en el bar de enfrente. A un esquizofrénico», comentó su hermana Eloísa. Violento, peligroso, desequilibrado, loco son los calificativos que emplea esta mujer para describir a su hermano. «Desde hace 26 años es esquizofrénico y lo dejan marcharse. Increíble», repite Eloísa, que no sale de su asombro. Conrado tiene historiales médicos en tres centros sanitarios de Madrid: en el psiquiátrico Alonso Vega, el hospital Clínico y el propio Gregorio Marañón, dependiente de la Comunidad de Madrid. Ahora está en la calle y ya ha dado sus primeras y peligrosas señales de vida. «Fue a casa de mi hija y se puso a aporrear la puerta. Al rato se marchó». Después la llamó y le pidió dinero.
Eloísa mira preocupada y quiere convencer a quien la escucha que su hermano es un peligro, que no puede estar suelto. «Está enfermo y cualquier día puede hacer algo», insiste preocupada. También quiere que alguien le explique cómo un médico puede darle un permiso de tres horas a un hombre que está loco para que vaya a tomar un café. «¿Sabe lo que me han contestado en el hospital? Que si el paciente lo pide ellos no se pueden negar», le sale la voz sofocada, ahogada. Después de poner la denuncia, Eloísa ha intentado, sin conseguirlo, que en el Gregorio Marañón le dieran más explicaciones. O, al menos, alguna. Nada. «Bueno, sí. Lo único que saben decirme es: "El doctor Chaves ha salido... El doctor Chaves está reunido... El doctor Chaves". Y el doctor Chaves nunca se pone al teléfono», se indigna Eloísa. La última noticia que ha tenido es que en el centro sanitario han firmado el alta médica de su hermano. «No me lo explico. Cómo pueden hacer eso sin tener, siquiera, el consentimiento de mi hermano o de algún familiar», pregunta y acusa a la vez. En el juzgado le explican que no pueden decretar el internamiento forzoso de Conrado, el esquizofrénico que fue a tomar café, porque, sencillamente, no saben dónde está. Cuenta Eloísa, que no guarda ni una foto de su hermano porque quiere olvidarlo, que la última vez que lo detuvieron estaba abusando de una mujer.
¿O era de dos? Por eso cayó en el Gregorio Marañón donde resulta que ahora, inexplicablemente, ya le han dado el alta. Quizá ahora, en este momento, esté rumbeando por las calles de la ciudad. O quizá esté escondido tras un árbol, en un parque, mirando a otra presa. «Es peligroso, muy peligroso y temo que pueda hacer algo porque está loco», advierte una y otra vez su hermana.

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