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Hay vida más allá del vino

Como otras familias de San Millán, durante varias generaciones los Nieto guardaron en su casa un auténtico tesoro que se preservaba en una habitación a la que guardaban un respeto casi reverencial. Ciertamente, era un tesoro, o más bien un secreto, pues de lo que se trataba era de parte de los fondos bibliográficos del monasterio de Yuso, protegidos así del expolio de las tropas napoleónicas, primero, y de los desmanes que trajo la Desamortización de Mendizábal y la Guerra Civil, después.

Uno de los miembros de la familia Nieto, Juan Ángel, nos relata esta historia entre las estanterías, de nuevo abarrotadas de libros, de la biblioteca del complejo monástico del que es prior. Pese a la naturalidad con que lo narra, resulta imposible no emocionarse al comprender el valor de ese gesto colectivo. Más si se tiene en cuenta que fue aquí, en San Millán de la Cogolla, donde se escribieron las primeras palabras en castellano: fue en las Glosas Emilianenses, comentarios a una obra de San Agustín, del siglo X, en cuyos márgenes figuran anotaciones realizadas por uno de los monjes en esa nueva lengua romance.

Así es La Rioja, donde sus habitantes afrontan con absoluta normalidad (a veces con un no disimulado orgullo) el hecho de vivir en lugares donde se han escrito capítulos fundamentales de nuestra Historia y nuestra cultura, como la batalla de Clavijo (o Albelda), uno de los más importantes hitos de la Reconquista, cuando buena parte de los reinos cristianos del norte de la Península se unieron contra al-Andalus, y que se conmemora hoy con una sencilla cruz metálica en el borde un viejo castillo otero. El Camino de Santiago y su influjo dejaron también, a su paso por La Rioja, algunos de los más bellos templos y monasterios del país: como la Concatedral de Santa María la Redonda de Logroño (llamada la Redonda y con un soberbio retablo pétreo, de época barroca, en su pórtico principal); la iglesia de Santiago en esa misma localidad; la catedral de El Salvador de Santo Domingo de la Calzada; el monasterio de Santa María la Real, en Nájera; la singularidades manieristas del monasterio de Nuestra Señora de la Piedad, en Casalareina; el ya referido monasterio de Yuso y su hermano (padre más bien), el de Suso, que conforman un conjunto artístico tan relevante que han sido reconocidos como Patrimonio de la Humanidad. Todas estas joyas conviven con el trasiego de los vecinos de las localidades donde se encuentran, sin llamarles la atención, de una forma muda, discreta...

En este capítulo de joyas religiosas, conviene mencionar el monasterio de Nuestra Señora de Valvanera, en un espeso bosque de hayas y robles que se extiende hasta el pie mismo del pico de San Lorenzo, máxima altura de La Rioja con sus 2.271 metros. La singularidad del conjunto monástico, enmarcado en este frondoso entorno natural, conforma uno de esos paisajes difícilmente olvidables.

Eso, el paisaje, es lo que más sorprende a quien visita esta comunidad autónoma, sobre todo cuando se la recorre en coche. Llanuras y valles regados por ríos de evocador nombre (Ebro, Oja -que dio nombre a La Rioja-, Iregua, Cidacos...), cuyos sedimentos enriquecen una tierra donde se cultivan hortalizas que están entre las mejores del país. La excepcionalidad de esos manjares es ampliamente conocida en Calahorra, localidad que ya lucía esplendor en la época romana y que ha creado un original Museo de la Verdura.

Uno de los lugares más impresionantes, hablando de paisajes, es la Sonsierra, al norte del cauce del Ebro. Sus pueblos se aúpan sobre oteros donde se domina buena parte de La Rioja Alta. Desde el conjunto monumental que engloba castillo e iglesia en San Vicente de la Sonsierra hay una panorámica que parece una composición pictórica resumen de toda la región: el serpenteante curso del Ebro, que riega una vega riquísima y, más allá, viñedos sinfín, castillos, localidades levantadas a base de piedra dorada, colinas, valles...

Buena parte de esos valles están protegidos por las cadenas montañosas que enmarcan los límites geográficos autonómicos (Sierra Cebollera, de la Demanda, de Toloño...). Y fue a caballo entre la montaña y el valle donde prosperó La Rioja a partir del siglo XVI, gracias a las lanas, producto que, antes que el vino, llevó el nombre de la región hasta los confines del mundo conocido. Eso explica la proliferación de palacios, mansiones blasonadas con llamativos escudos heráldicos y grandes iglesias en localidades como Ezcaray o los dos valles de Cameros (Nuevo y Viejo). Sorprenden esas construcciones al ver la austeridad general de los pueblos camerenses... Casi tanto como la obra del río Leza que, junto a Sotos de Camero, horadó con paciencia un espectacular cañón, paraíso para buitres negros, cernícalos y otras aves de gran tamaño. Observar sus evoluciones desde el mirador situado junto a la carretera LR-250 es muy recomendable para reconciliarse con el silencio.

Pero si algo caracteriza esta tierra son los viñedos: en colinas que declinan hacia el cauce de los ríos y en llanuras fluviales; en linderos emparrados o directamente sobre la tierra, conformando un mosaico geométrico cambiante de cromatismo a cada estación: verde intenso, rojizo, oscuro con los fríos del invierno... No se puede estar en esta tierra sin pasear por ellos y, por supuesto, sin entrar a alguna de sus bodegas. Las hay tradicionales, como López Heredia-Viña Tondonia (en el célebre Barrio de las Bodegas de Haro), donde llama la atención el innovador espacio creado por la arquitecta iraní Zaha Hadid; o Paternina (en Ollauri), con sombríos y húmedos calados (túneles subterráneos) en los que el vino envejece. Pero también espacios tan innovadores como Dinastía Vivanco (en Briones), bodega, pero, fundamentalmente, Museo de la Cultura del Vino. Mucho arte depara también la visita a Ontañón (en Logroño), donde el artista Miguel Ángel Jiménez dejó una atractiva impronta en forma de cuadros, esculturas, vidrieras y un particular diseño de los espacios. Una última recomendación enológica: acercarse hasta Campo Viejo-Juan Alcorta, a las afueras de Logroño, para degustar algunas de las etiquetas más conocidas de la denominación de origen.

Pese a la evidente importancia de lo rural, La Rioja tiene también una dimensión urbana. Logroño es su principal exponente, con un casco histórico crecido y ampliado alrededor de la plaza de la Catedral, la comercial calle Portales, el paseo del Espolón, presidido por la estatua ecuestre del general Espartero, el más importante riojano de la Historia, y la calle Laurel, punto de encuentro en torno al vino (o las cervezas) y tapas deliciosas. Pero la vía fundamental desde la que creció la ciudad es El Camino de Santiago, que entra en la capital a través del célebre Puente de Piedra, atribuido a San Juan de Ortega, discípulo aventajado de otro: Santo Domingo. Él es el origen mismo de la monumental villa de Santo Domingo de la Calzada. La Catedral, la Plaza Mayor, las murallas y el monasterio de San Francisco son sus principales reclamos.

No muy lejos se encuentra Haro, capital de La Rioja Alta que, amén de todas las posibilidades para el tapeo con un buen vino, ofrece un buen ramillete de palacios (Bendaña, Paternina, Condes de Salazar...), una enorme iglesia de Santo Tomás, la puerta y torre de San Bernardo -reconvertida en Museo de Arte Contemporáneo-, y un hotel (Los Agustinos) que antes fue convento y cuyo claustro es sede de uno de los mejores restaurantes de la zona, Las Duelas. Claro que en esto de la buena mesa esta tierra muestra sobrados valores. Sobre todo gracias a personas tan entusiastas como los hermanos Echapresto (de la Venta de Moncalvillo) o la familia Paniego, con Francis a la cabeza (de El Portal de Echaurren, en Ezcaray). Ellos son los grandes exponentes de la cocina riojana actual aunque, igual que los riojanos conviven con su rico patrimonio de una forma absolutamente despreocupada, lo cierto es que en La Rioja es casi imposible no comer y beber bien.
Ríos con evocadores nombres enriquecen una tierra donde se cultivan hortalizas que están entre las mejores del país.


Espíritu de la tierra
Para conocer el trasfondo de la elaboración del vino, conviene visitar bodegas en La Rioja. De izq. a dcha. y de arriba abajo: López Heredia. Ontañón. Viña Pomal.
La vía fundamental desde la que creció Logroño es El Camino de Santiago, que entra en la ciudad a través del célebre Puente de Piedra.

DÓNDE, LA RIOJA
CÓMO LLEGAR
Por carretera, la autopista AP-68 articula buena parte de la comunidad autónoma. Desde Burgos y Pamplona se puede llegar por la N-120.
CUANDO IR
El clima es bastante suave durante todo el año; en verano y otoño los paisajes son espectaculares.
MEJOR COCHE
Con una gran selección de automóviles, la compañía Hertz es la opción perfecta para viajar en familia, con amigos o en pareja, y descubrir La Rioja para contemplar unos paisajes de ensueño y diseñar un viaje a medida.

Cintas de espárragos con habitas, guisantes, hongos y yema de huevo
Restaurante La Galería
Ingredientes (para dos): 4 espárragos blancos crudos grandes, 100 g de hongos (pinícolas o perrechicos), 100 g de guisantes tiernos, 100 g de habitas, 2 yemas de huevo y aceite arbequina.
Preparación: Cortar en tiras los espárragos y dejar en agua y hielo. Escaldar habitas y guisantes, y pelarlos. Saltear los hongos laminados y los espárragos. A medio hacer, echar sal fina para que suelten su jugo. Antes de retirar del fuego, echar las habitas y guisantes. En el plato, añadir las yemas.

Canelón de boletus edulis relleno de pichón con verduras
Restaurante Venta Moncalvillo
Ingredientes (para dos): 1 sombrero de boletus edulis, carcasas de pichón, 1 pichón, 1 cebolla, 1 puerro, 1 pimiento rojo, 1 pimiento verde, 1 zanahoria, laurel, clavos, pimienta negra, aceite de oliva, 1/2 ajo, sal, 1/2 vaso de vino blanco, brandy.


Preparación: Confitar el boletus con aceite y ajo a fuego muy suave 12 minutos. Escurrir, cortar en láminas finas, hacer dos capas sobre un papel de horno y reservar en el frigorífico. Picar 1/2 cebolla, 1/2 puerro y 1/2 zanahoria y dorar en aceite con las carcasas. Añadir laurel, clavos, pimienta, sal, 1 l y 1/2 de agua. Cocer a fuego suave unas dos horas. Cortar el resto de verduras y rehogar. Añadir la pechuga, muslos y alas deshuesadas del pichón. A fuego fuerte, incorporar vino blanco y brandy; después, el jugo de pichón. Tapar y cocer a fuego suave hasta reducir el caldo. Picar todo. Rellenar con esta masa los mantos de boletus, como si fuera un canelón. Tostar a la plancha y meter al horno a 150ºC, 4 minutos. Servir sobre una cama de dados de verduras blanqueadas en agua hirviendo con sal, regado con jugo de pichón, sal Maldon, romero y tomillo.

Torrija de brioche con crema de cuajada y helado de café
Restaurante Las Duelas
Ingredientes (para dos): 2 rebanadas de 2 cm de pan de brioche, 1/2 l de leche, mantequilla, 2 cuajadas, 1/2 barra de helado de nata, 2 sobres de café soluble, limón, canela y azúcar.
Preparación: Hacer una infusión con la leche, la corteza de limón y una rama de canela. Al final de la cocción, añadir 100 g de azúcar y disolver. Empapar en leche las rebanadas y dejar reposar en el frigorífico durante una noche. Confitar el pan rebozado en azúcar en una sartén con mantequilla clarificada, hasta que las torrijas estén doradas. Trabajar a mano las cuajadas con 20 g de azúcar, para que quede una crema suave. Mezclar el helado con el café disuelto en un poco de agua. Servir las torrijas sobre la crema y adornar con el helado.

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