11 Mayo 2013
Sobre las estrellitas de la Disney Factory planea una especie de maleficio (los más insidiosos observadores insisten en que la parentela de las muchachas tiene mucho que ver en el desaguisado), porque apenas alcanzan una fama trepidante y voraz entre el público adolescente, su vida privada se rompe, como dirían los clásicos de la fotonovela.
Es como si su carrera fuera un sprint, y en cuanto rebasasen la infancia, verdadera o fingida, acabasen desfondadas, inservibles. Simular la beatífica niñez, todo un cuento chino porque los niños a menudo son malévolos, cuando ya has cumplido los 15 años, debe ser un desgaste sin retorno porque se las ve macilentas y resabiadas.
Casi todas ellas, Britney Spears, Lindsay Lohan y ahora Miley Cyrus, sólo pueden presumir a tan tierna e infernal edad de un ajuar de ex novios y novios aprovechones (¡menudo trajín de tatuajes forever Menganito y luego venga de borrar la tinta y dejarse los brazos inservibles para los vestidos de noche) y, como mucho, contar con la firme amistad de celadores de prisiones y enfermeras de casas de reposo, que ellos sí se han apiadado de las chicas. Bien mirado, las pobrecillas crecen como bonsáis, con las tetas tan grandes como su cabeza obligadas a constreñirse entre festones y demás niñerías, y, claro, el tiesto, por muy de diseño japonés que sea, se les queda chico. Mientras suspiran en secreto por un buen liguero rojo y negro, crece la frustración que sólo aciertan a paliar comprándose el modelo con más lazos que la Alta Costura pueda ofrecer a una chica de buen corazón (véase la foto, no exagero).
Arrumbada la guitarra y reventadas las carpetas decoradas con corazones; desacreditado el padre -el de Miley es un cantante country de glorioso y absurdo presente-, las feromonas tiran de ellas y ya no hay quien las convenza de que conquistar una imagen adulta no tiene nada que ver con parecer una fresca de abrigo, pero a estas locas nadie les ha enseñado que los matices cuentan. Hacen su primer videoclip salvajemente maquilladas de busconas, con una cola de plumas colocada sin vergüenza en la parte posterior del tanga, y de esta guisa, hechas unas pájaras, vuelan a su aire, siempre en picado. No iré tan lejos como para decir que Disney es el actual emisario del Maligno, pero sí que su lado oscuro cada vez se hace más evidente. Yo creo que casi es mejor empezar de Cruella de Vil directamente; los papeles de malvada tienen mucho más recorrido. «Las feromonas tiran de ellas y ya no hay quien las convenza de que conquistar una imagen adulta no tiene nada que ver con parecer una fresca de abrigo. »