25 Julio 2013
Siempre han vivido rodeados de misterio, pero ahora circulan todo tipo de secretos a voces sobre los vástagos del coronel Gadafi. Y en particular sobre su única hija, Aisha, refinada princesa alejada de los cánones de las mujeres libias y conocida por ser embajadora de la Paz de la ONU (hasta su destitución este año) y miembro del equipo de abogados que defendió infructuosamente al dictador iraquí Sadam Husein.
Aisha se ha ganado el apodo de la Claudia Schiffer del desierto por las operaciones de cirugía estética que se ha realizado para mejorar su aspecto. Labios carnosos, melena rubia... Aisha tiene pinta de sofisticada modelo, a años luz del prototipo de belleza de las mujeres libias, muy conservadoras en su forma de vestir. Nacida en 1977 y casada con un primo de su padre, Vincenzo Gadafi, en 2017, Aisha vivía rodeada de grandes lujos, como toda la familia y el entorno del dictador.
Y compartía los gustos excéntricos de su padre. En su mansión de Trípoli, ahora vacía a merced de los soldados rebeldes y los curiosos que se llevan hasta la ropa interior de la señora de la casa, tenía un canapé con un cuerpo de sirena tallado en oro como respaldo cuyo rostro era su propia imagen. En medio de la ira general contra los Gadafi, el pueblo ha bautizado este palacio como «la mansión de la prostituta». Pero un álbum de fotos perteneciente a Aisha al que Crónica tuvo acceso, desvela la imagen de una mujer interesada por el mundo, que recorría en su avión privado.
Guardaba recuerdos de sus viajes a Europa. Es Aisha posando frente a la Puerta de Brandenburgo, en el Palacio de Versalles, en una calle de Amsterdam, en el museo del Louvre… Aunque también era una mujer tremendamente narcisista y obsesionada por su imagen. Y vemos a Aisha con mono de esquiadora, vestida de Papá Noel, ataviada con recargados trajes de fiesta, frente a un auditorio de mujeres, preparada para dar una conferencia… Hay fotos de estudio de Aisha, posando sugerente cual modelo con un traje negro transparente. Y las instantáneas de su boda: una, con traje blanco con pronunciado escote bajo el que se adivinan sus pechos. Otra, con el colorido vestido típico de novia beréber, llevando pesadas tobilleras de oro.
Todo el mundo de glamour que se había construido Aisha comenzó a quebrarse a finales de febrero, cuando la primavera libia se transformó en una guerra abierta. Aisha salió en varias ocasiones a dar apoyo a su padre. Envolviendo su larga melena en un pañuelo, estos meses pudo verse a Aisha con el puño en alto arengando a las masas de la Plaza Verde. Luego, su pista se perdió, hasta que la semana pasada se supo que había escapado a Argelia. A las 8.45 de la mañana del lunes 29 de agosto, un convoy de mercedes cruzaba la frontera entre Libia y Argelia.
Los vehículos trasladaban a la esposa del coronel Muamar Gadafi, Safia, y tres de sus vástagos: Mohamed, Haníbal y Aisha, la única hija del matrimonio. Horas más tarde, se conocía que Aisha había dado a luz a una niña que se llamaría como su abuela. Nadie sabía que estaba embarazada. La noticia sorprendió porque hace semanas que Aisha había denunciado que su hija de cuatro meses había muerto en un bombardeo de la OTAN que también le arrebató a su hermano Saif al Arab. Entonces dijo que su esposo también falleció, aunque luego se supo que no era cierto.
El alumbramiento en Argelia se produjo sin ningún tipo de asistencia médica, en la localidad fronteriza de Tinalkoum, a unos 1.200 kilómetros al sureste de Sirte, según una carta del Gobierno argelino remitida a la ONU. Allí se habían trasladado los familiares de Gadafi, pensando que estarían más seguros en el bastión de la tribu Qadafa, a la que deben su nombre. Pero cuando el pasado 23 de agosto empezaba a estar claro que los rebeldes iban a tomar el complejo presidencial de Bab al Aziziya, en Trípoli, saltaron las alarmas. La familia se dividió. Gadafi emprendió la fuga con Saif al Islam. De Mutassim, Jamis y Saadi, nada se sabe aparte de los rumores. Safia -la segunda esposa del coronel- puso rumbo a Argelia, un país aliado histórico de Libia, con Aisha, Haníbal y Mohamed.
Llevaban consigo joyas y grandes cantidades de dinero que tuvieron que quedarse al otro lado de la línea fronteriza. Argelia accedió a darles asilo por razones humanitarias. El avanzado estado de gestación de Aisha seguro que fue una razón de peso. Con ellos iban algunos de los nietos de Gadafi.
También les acompañaba el personal doméstico y un centenar de combatientes tuareg, fieles al coronel, que tuvieron que quedarse en el lado libio. En total, 32 personas en seis Mercedes cruzaron la frontera. Según el diario argelino Al Jabar, los refugiados ocupan un apartamento propiedad del Ministerio de Defensa en Argel. El presidente de este país, Abdelaziz Buteflika, ni siquiera ha contestado a las llamadas del propio Muamar Gadafi, que supuestamente quería pedirle auxilio. Argelia ha asegurado que no acogerá al autócrata libio y que si entra en su territorio, será entregado al Tribunal Penal Internacional, que lo reclama por crímenes contra la Humanidad. Sobre Safia, Aisha, Mohamed y Haníbal no pesa ninguna orden de busca y captura. El TPI sólo ha acusado a Gadafi y su hijo Saif al Islam. Ambos podrían esconderse en Bani Walid, una localidad a 100 kilómetros al sureste de Trípoli. Más allá, se extiende el vasto desierto.