Overblog Todos los blogs Blogs principales Estilo de vida
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU
Código promocional
Publicidad

La rosa tiene su eco

En la Historia existen culturas desaparecidas, civilizaciones tan fantasmales que resultan tentadoras para el novelista deseoso de levantar, sobre esa bruma de leyenda, su material narrativo. Milorad Pavic (Belgrado, 1929) viene a sumarse con esta obra a la tradición del «libro encontrado», tradición que ya forma una amplia corriente entre la literatura de nuestro tiempo.

El juego literario de Pavic puesto que juego esconsiste en que este Diccionario jázaro es la supuesta reconstrucción fragmentaria de otro diccionario anterior, escrito en el siglo XVII, y del que sólo quedarían unas pocas huellas dispersas. Se trata pues, del diccionario de un diccionario. El árbol genealógico de este tipo de relato salta a la vista: desde la literatura fantástica al llamado «realismo mágico», Calvino, Lem, agravado además, en este caso, por una cierta sospecha de economía (ni siquiera falta un libro envenenado que corre de mano en mano).

Así encontramos que el catálogo de Pavic, además de ser un inventario de palabras, es también un inventario de objetos y obsesiones recurrentes en la literatura fantástica: espejos, golems, laberintos circulares, bibliotecas engullidas en el tiempo. «¿Por qué no podría alguien componer un diccionario con las palabras que constituyen un libro y dejar al lector que cree por sí mismo la unidad?». Esta idea, expresada en forma de pregunta por un personaje, explica bien las intenciones de su autor. Diccionario jázaro es un divertimento, una rayuela. El texto, un tirabuzón de historias trenzado sobre muy diversos personajes, se convierte en ocasiones en una cascada de paradojas: «Estoy tranquila desde que ya no soy feliz». «Es una especie de carrera. El más rápido pierde.»

Como en García Márquez (cuyas huellas dactilares se advierten aquí y allá), hay una incesante comunicación entre el mundo de los vivos y el de los muertos, así como entre el sueño y la vigilia. El mayor peligro, claro, está en caer en una fácil espectacularidad. Bajo el ropaje vistosísimo de Pavic no siempre uno encuentra literatura. Es curioso que nuestra época, que presume de ser básicamente descreída y haber liquidado a sus dioses, se vuelva fascinada a escuchar estos relatos de religiones perdidas en el tiempo, hechicerías orales y disputas teológicas. Todo muy nebuloso. Borges edificó una literatura del laberinto; Lewis Carroll, una matemática enloquecida. Más superficial que ellos, la propuesta de Pavic es también más modesta: sólo requiere lectores dispuestos a transitar sus encrucijadas, perderse entre sus nieblas.

Publicidad
Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post