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La verdad y la mentira son imaginarias

Además de hacer, piensa lo que hace. Investigar la investigación es una expresión autorreferente: y, por tanto, paradójica. La teoría de los tipos de Russell no la hubiera permitido.

Pero Spencer-Brown, su discípulo, ha construido la teoría de las indicaciones (distinciones) que, en vez de eliminar las paradojas, las hace trabajar. Los mandatos tienen libertad de decisión, los que mandan tienen libertad de distinción.

El que distingue crea alternativas, el que decide sólo puede elegir una de las alternativas creadas por él: está, pues, dominado por él. El primer axioma del cálculo de distinciones reintroduce el sujeto y los valores. Una distinción es una frontera que separa un interior y un exterior: como una circunferencia en un plano. Nadie puede pasar de uno a otro lado sin cruzar la frontera. Pero, para que haya una distinción, alguien la tiene que haber trazado (el sujeto).

Y, para que alguien la haya trazado, sus dos bordes tienen que diferir en valor para él (los valores). En el caculo aparecen expresiones paradójicas. No son verdaderas ni falsas: si son falsas, son verdaderas; si son verdaderas, son falsas. Spencer-Brown añade a los valores «verdad» y «falsedad» el valor «imaginario»: imaginario -dice- porque no está en el espacio sino en el tiempo (en uno de los futuros posibles). Cuando algo es necesario e imposible, hay que inventar nuevas dimensiones. Así procede la vida: la necesaria e imposible coincidencia de las imágenes planas en las dos retinas se resuelve inventado la tercera dimensión (visión binocular).

Así procede el pensamiento: la necesaria e imposible congruencia entre las teorías corpuscular y ondulatoria de la luz se resuelve con la teoría de la complementariedad (corpúsculo y onda son dos aspectos de la luz que no pueden captarse simultanéamente). Cuando Spencer-Brown llevó su libro a Russell, éste respaldó sus concepciones. La teoría de los tipos, le dijo, siempre le había parecido una chapuza. Ahora podía descansar.

El valor de una expresión -escribe Lyotard- está en su capacidad para producir disenso: en provocar en el receptor expresiones diferentes a ella. Los análisis sociales de Russell invitan al consenso. Sus avances metodológicos invitan al diseño. Por eso su valor es imperecedero.

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