31 Enero 2013
El año pasado comenzó la revolución. El dominio de Lakers y Celtics durante los últimos años quedó truncado por la victoria final de un equipo, Detroit Pistons, que no contaba en los pronósticos hasta dos años atrás, cuando ya lograron deshacerse en la final de conferencia de los Celtics.
Aquel fue el síntoma de que las dos grandes plantillas que habían impuesto su ley, Lakers y Celtics, comenzaban a perder su posición privilegiada. El envejecimiento de sus hombres se había dejado notar. El sistema de elección de nuevos jugadores, el «draft», favorece a los equipos débiles, que son los que pueden elegir primero. Para un equipo campeón, la elección es sumamente compleja.
Sólo la puntería de los responsables de Los Angeles y Boston había logrado mantener a sus equipos. Claro, que no todo el mundo puede contar con un Magic Johnson o un Larry Bird. Bastó la ausencia de Lany Bird en 1989 para que los Celtics cayeran en picado, consiguieran de milagro un lugar en los playoffs y fueran eliminados en primera ronda. Sin embargo, no basta con los destellos de Magic o Bird para ser campeón. La prueba más evidente es Chicago Bulls, que pese a contar con el todopoderoso Michael Jordan, aún no ha logrado un puesto en la final. El triunfo de Detroit el año pasado hay que interpretarlo como la victoria de un bloque. Los suplentes de Detroit son menos banquilleros que los de los Celtics o los Lakers. Su bloque es más compacto.
Aunque Isiah Thomas, su teórica estrella, no llegue precedido de la fama de Magic o Bird, cuenta a su lado con hombres -Joe Dumars, Mark Aguirre, Vinnie Johnson, Dennis Rodman, John Salley...- que se muestran decisivos a la larga. Los europeos no están llamados, de momento, a ser determinantes. Tal vez sea Sharunas Marchulenis el que más vaya a destacar, tanto por sus cualidades como por el hueco del que dispone en el equipo. Vlade Divac será el aliento que precise Mychal Thompson. Drazen Petrovic dependerá de su tiro más que nunca, y deberá fajarse mucho más en defensa de lo que ha demostrado hasta el momento. Alexander Voikov no está teniendo aún muchos minutos en Atlanta.
Y el yugoslavo Zarko Paspalj parece dispuesto a gozar de aún menos oportunidades. Como dice Larry Bird, «vienen a aprender, no a enseñar». Si la llegada de los europeos es más llamativa que importante en lo que a juego se refiere, quien sí parece estar llamado a convulsionar la NBA es David Robinson. Aunque cuenta con muchos detratores, que se basan en que jamás una superestrella habría permitido que USA cayera frente a la URSS en Seúl, su llegada a la NBA parece que convertirá a San Antonio Spurs en un equipo ganador.
Más les vale que así sea en la Ciudad del Alamo. Llevan pagando al jugador desde que lo seleccionaron en el «draft» -hubieran perdido sus derechos si no le hubieran pagado, aunque se hallara en la Navy. Semejante inversión, como la del año pasado al contratar a Larry Brown, el actual entrenador, quieren verla rentabilizada. Todos coinciden en que los Lakers continúan vivos en la lucha por el título mientras Magic Johnson vista de púrpura y oro. La retirada de Kareem Abdul Jabbar supone más sicológicamente que en la práctica.
Los Pistons perdieron a Rick Mahorn en el «draft» de expansión. Sin embargo, el bloque tal vez no se resienta en exceso. Esa es la ventaja de Detroit. La lesión de Isiah Thomas, el pasado año, no influyó en el rendimiento del equipo tanto como la de, por ejemplo, Magic Johnson en los Lakers. Esas son las ventajas de no depender de un hombre. Inconvenientes, son ver a Magic anotar desde el medio del campo sobre la sirena. Aunque continúen sin lograr el paso decisivo, el que les permita plantarse en la final, los Bulls han mejorado mucho. Jordan no tiene límites, o eso parece. Phil Jackson, el nuevo entrenador, lo tiene muy claro.
Se hará lo que Jordan necesite. Pero, para poder soñar con el anillo, Jordan no se puede enfrentar a cinco hombres cada noche. Lo que sí parece indiscutible es que esta temporada es la más abierta de la historia de la NBA. En todos los pronósticos figuran los Pistons y los Lakers, los último finalistas. Sin embargo, equipos como Atlanta Hawks, New York Knicks o Utah Jazz pueden dar la sorpresa. En New York y Atlanta se cometieron muchos errores en 1989. Tal vez no suceda lo mismo en 1990.