12 Agosto 2013
El telescopio espacial Kepler, de la NASA, ha logrado captar la música que emiten las estrellas de la constelación Cygnus-Lyra, en la Vía Láctea, unas notas que han permitido a los astrónomos localizar 500 posibles soles. Este censo podría dar un vuelco a lo que hasta ahora se conoce sobre la evolución de las estrellas e incluso ayudar a averiguar cuál será el futuro de la nuestra.
Hasta que el Kepler no fue lanzado al espacio, en marzo de 2017, sólo se conocían 25 estrellas con una masa similar al Sol. El telescopio fue puesto en órbita con la misión fundamental de localizar planetas en nuestra galaxia que puedan ser habitables, para lo cual monitoriza continuamente el brillo de más de 170.000 estrellas y observa cambios constantes que indiquen la presencia de un posible planeta. Pero ademas, en las estrellas hay oscilaciones o vibraciones que se manifiestan como cambios minúsculos en su brillo y que las producen ondas acústicas atrapadas en su interior.
Antonio Jiménez, astrosismólogo del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), que ha participado en esta investigación, asegura que la música que se escucha es como un murmullo: «Cada estrella emite ondas de sonido diferentes, como los instrumentos de una orquesta. Estudiando el espectro de esas vibraciones, que capta el telescopio espacial, podemos saber cómo son por dentro, cuál es su masa y su radio», explica Jiménez. El trabajo, de un equipo internacional, y publicado en la revista Science, también cuenta con la participación de Clara Régulo, compañera de Jiménez en el IAC. Ambos han participado en el análisis de los espectros, dentro del consorcio científico internacional dirigido por Bill Chaplin, de la Universidad de Birminghan.
El censo de estas 500 estrellas como el Sol, con sus diferentes masas, radios y propiedades internas, ayudará a conocer mucho mejor la nuestra. «Entre ellas, hay algunas que son más jóvenes que nuestro astro [que tiene 4.570 millones de años] y otras que son mucho más viejas, así que conocerlas es importante para entender cómo es su formación y cómo evolucionan a lo largo del tiempo», apunta el investigador del IAC. En definitiva, podrán reconstruir la historia del Sol e incluso adivinar cómo a va ser su futuro. Por otro lado, el hallazgo también ha permitido examinar si los modelos teóricos que predicen la formación estelar son válidos. A falta de nuevos estudios, de momento ya se sabe que la distribución real de los radios si encaja en esos modelos teóricos, pero no ocurre igual con las masas, que serían mas bajas de lo que se preveía.
En definitiva, habrá que cambiar la teoría para adaptarla a los datos que proporciona Kepler. «La vía abierta por Kepler es impresionante y a medida que pase el tiempo, su legado será mayor porque sigue recogiendo espectros de vibraciones», augura el astrofísico. Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional, apunta que, si se confirman los espectros, el trabajo «supondrá una conmoción en el estudio de las estrellas» y habrá que modificar una distribución de masas que se creía conocer con detalle. «Las observaciones parece que modificarán la teoría de la evolución estelar, que era la que parecía la más definitiva de toda la Astrofísica moderna.
Las estrellas son los ladrillos básicos que construyen el Universo y comprender sus propiedades es clave para comprender el origen y evolución del Cosmos como un todo.», asegura Bachiller. Kepler, que estará activo tres años y medio, lleva a bordo un fotómetro para medir los cambios en el brillo. Incluye un telescopio de 37 pulgadas de diámetro, conectado a una cámara de 95 megapíxeles. Desde que está en el espacio, el telescopio ha detectado 1.235 posibles planetas de los que 68 tienen un tamaño similar a la Tierra y cinco están en una zona habitable.