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La vuelta de Irma Soriano

Una de las mayores satisfacciones que he encontrado en el regreso septembrino a los océanos coloreados del mundo de Canal Sur, es la vuelta de Irma Soriano a su antigua semblanza de vestal oscura, de hurí andaluza con los negros refulgiendo entre el azul destellante del self.

Una Irma extraña, en el período anterior, se nos volvió de un amarillo desastroso de bote, con unos pelujos deslavazados que volvían casi anémicos sus ojazos negros, el color verde aceituno jiennense de su piel. Un rostro árabe, de trazos finos y sugerentes, un perfil de dominios andaluces, metido en un bosque de greñas amarillas que envolvían y capturaban la belleza natural. Además, había cogido la presentadora unos kilos malditos de más, y allá que se nos ponía la dulce, como si fuera otra distinta a aquella estilizada y sureña que habíamos conocido. Irma se había asesinado a sí misma. No sabemos si aconsejada por cualquier cabeza de huevo de esos que viven del cuento del reino de las apariencias, o porque un día, mirándose al espejo, tomola sin razón con sus rizos negros inocentes, iliturgitanos. Sin embargo, ya no importan las razones. Porque Irma ha vuelto a sus orígenes morunos.

Yo invito a la gente a que compare. Una Irma normanda frente a una Irma andaluza que parece que va a abrir en cualquier instante los paraísos de Alá. Al menos, en la reentré septembrina, Canal Sur ha acertado en el destierro del rijoso tinte platanero de Irma Soriano. Que se apunte una el Hermano Abellán, y no pueda decir que todo son análisis tendenciosos malsonantes. Porque en lo que no han acertado, con seguridad, es en el espacio estrella de la nueva temporada, Futbol y famosos. Demasiada concursería prime time. La dictadura de la preguntita en la noche. Seguro que este concurso aletargante no aguanta muchas semanas en la destartalada parrilla. Seguro que será chamuscado por el fuego de la ausencia de audiencia en el corazón de las nieblas otoñales. Son demasiados días con la preguntita desenfundada, cómo se llama el pimpollo de Claudia Schiffer, el nombre del que marró el gol frente a Brasil, aforismos de Carmen Sevilla, Leticia Savater o Laura Valenzuela.

Demasiada abundancia de nadería. Este concurso debería ser como Números rojos, de un día a la semana. Además, es un lujo tener a un tío tan simpático como Gordillo de azafato sonámbulo, desterrado en una esquina del plató, realizando una narcótica quiniela, perdido en la maleza de equis y de unos que le aspiran la gracia marinera. Que dejen que Gordillo se explaye a su gusto, por Dios. Solo frente al peligro. Que el envidiable e inigualable tupé del vasco Ferreño no le auxilie a cada instante dejándole con la gracia entre los dientes. Gordillo solo frente al sofgüe. Regateando, con aquella izquierda de plastilina, los molinos de viento del pasado. Déjennos, por favor, que recordemos buenos momentos con Gordillo.

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