17 Junio 2013
No quería heredar el dudoso honor de ser «el nuevo James Dean», etiqueta que la industria desea colgar a todo adolescente que alcanza el estrellato durante la pubertad, pero no pudo escapar a la maldición.
Su apellido no le procuró la inmortalidad y River Phoenix, el mejor actor de su generación, alcanzó a los 22 años el «status» de cadáver joven y aparente en la acera del mítico Sunset Boulevard, en las primeras horas de la madrugada del día de «Halloween». Su muerte súbita y misteriosa en el día de las brujas le ha instalado en el altar eterno de los jóvenes rebeldes, fundado por James Dean en 1955, el día en que se dejó su breve e intensa vida al volante de su «Porsche Spyder» en la carretera de Salinas.
Phoenix que, como nadie desde Dean, supo expresar la angustia de la adolescencia y el dolor de vivir, ha dejado un vacío que sus más destacados compañeros de generación Keanu Reeves, Johnny Depp, Brad Pitt y Christian Slater deberán intentar suplir, porque no en vano son los «nuevos rebeldes» de Hollywood, los nietos de James Dean. Todos han quedado unidos por el cine, la música y la muerte de uno de los suyos, el más joven y prometedor. River Phoenix entró en la recta final de la vida el 31 de octubre a las puertas del club de Johnny Depp, «The Viper Room», donde iba a tocar en una «jam session» con su grupo de «funk punk» alternativo «Alka s Attic» y músicos de la banda de Keanu Reeves. Dentro de una semana hubiera comenzado el rodaje, junto a Brad Pitt, de Entrevista con el vampiro, dirigida por Neil Jordan.
«No me gustan mucho los vampiros. Los encuentro bastante llenos de mierda, francamente. Estoy encantado de haber sido elegido para ser el entrevistador», confiesa River Phoenix póstumamente en el número de la revista cinematográfica norteamericana Premiére de este mes.
Resultan sorprendentes estos temores en un veterano actor que, pese a sus 22 años, ya había trabajado en una docena de títulos y afrontado el reto de interpretar desde la gravedad, fragilidad y vulnerabilidad a un chapero narcoepiléptico en Mi Idaho privado, de Gus van Sant, que le valió la Copa Volpi al mejor actor en el Festival de Venecia en 1991. Porque si hay algo que distingue al grupo de actores al que pertenecía Phoenix, es la audacia y la rebeldía frente al «establishment» de Hollywood. Es un hecho cierto que casi 40 años después de la aparición de Marlon Brando, una nueva oleada de rebeldes ha florecido en Hollywood. Poseen la belleza, el talento, el éxito y la audacia: todos los requisitos para ser inmortalizados en el «Paseo de la Fama» de la capital del cine. En sus todavía breves, pero abigarradas y atípicas biografías se entremezclan películas comerciales de éxito con pequeños filmes independientes de bajo presupuesto dirigidos por realizadores marginales o europeos.